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El niño típico

Es un niño varón entre los 8 y 18 años. Es ingresado en la Casa mayormente vía Departamento de la Familia del Estado libre Asociado de Puerto Rico, removido de su hogar por ley 177. En muchas ocasiones con algún rezago académico ha estudiado en el sistema de educación pública y a su corta edad ha frecuentado varias escuelas diferentes. Presenta un promedio de permanencia de un año y ocho meses de residente en la Casa Manuel Fernández Juncos.

En el área familiar

Su familia de origen está incompleta por separación o divorcio, predominando frecuentemente las uniones consensúales de sus progenitores con distintas parejas; su número de hermanos es de al menos 3 o 4 (sin tener en cuenta los hermanastros, fruto de las frecuentes uniones consensúales de sus respectivos padres. Su ambiente familiar es nocivo, donde se presentan además del deterioro de factores externos tales como carencias económicas, escolares, vivienda, etc..., factores como promiscuidad, abandono, alcoholismo, drogadicción, abuso sexual. El padre y la madre están desempleados, los ingresos familiares se reducen y esto mayormente a causa de su escasa preparación académica y profesional. La custodia legal la tiene el Departamento de la Familia, y su Enlace Familiar (salida a su entorno familiar) es una persona recurso, no perteneciente a la familia de sangre.

En el área comunitaria

Proviene de residencial público el cual presenta rasgos de nocividad como frecuente tráfico de drogas, delincuencia, prostitución, grupos marginados, donde el grado de deterioro externo es de alto riesgo de deserción escolar y de incidencia en conductas delictivas. Por estas y otras razones nuestra labor se hace cada día mas imprescindible en nuestra sociedad.

Los medios de comunicación se han desarrollado en los últimos años a una velocidad vertiginosa, ocasionando grandes cambios en todo el ambiente social. Cambios positivos que nos han llevado a conocer otras culturas y a aprender de ellas pero también afectan directamente el contexto familiar trastocando los valores de nuestra primera institución: la familia. Aumenta la negligencia, el maltrato, el abandono, el interés por el consumismo y como consecuencia los mas indefensos de la institución familiar se afectan. El perfil de los niños que atendemos es el mismo, a nuestro pesar cada vez con mayor número de niños afectados, con problemas de diferentes aspectos: psicológico, emocional, social, educativo.

Como consecuencia, mayor rezago académico, pobres relaciones interpersonales, hiperactividad, déficit de atención, problemas de aprendizaje y mayor incidencia de disturbios emocionales. Mayor agresión verbal y física hacia la figura femenina, disminución de capacidad de reflexión y autoayuda, menor conocimiento de los sucesos circundantes diarios y mayor exposición a materiales de índole sexual.

En el plano psicológico

El niño típico, presenta un desequilibrio emocional, manifestado en las frecuentes reacciones desproporcionadas, extremas, bien presentando una afectividad reprimida: inseguridad afectiva, frialdad, escasa capacidad de conmoción, incapacidad de iniciativa, desconfianza, cerrazón; o por el contrario una afectividad incontrolada, manifestada en una trayectoria violenta de gran manifestación anímica, agresivo, hipersensible; pero que en ambos casos denota una personalidad problematizada con alto grado de inadaptación e inadecuación consigo mismo y con el mundo que le rodea.

Todos estos rasgos apuntados, hacen del protagonista una persona regida por la búsqueda de sensaciones inmediatas; sin disciplina, sin rumbo hacia el futuro, desmotivado, receloso ante quienes y lo que les rodea, sin aspiraciones, con un posicionamiento ante la vida negativo y destructivo unas veces, con pasividad y no colaboración entre otras.

Cuando llega a la Casa ¿Qué ideas contradictorias no estará maquinando en su interior? Se encuentra ante personas extrañas con las que tiene que convivir lo que le supone una nueva adaptación, desde los aspectos físicos: vivienda, facilidades..., hasta los relacionales: convivencia, socialización...además de un ajuste adicional a su nueva escuela: nuevos maestros, nuevas caras. Por esto cualquier cambio positivo, por insignificante que parezca, tiene un gran valor. Así, pues, en este punto de desconcierto, es cuando el niño comienza un nuevo proceso de socialización de la mano del educador amigoniano que se convierte en guía, amigo, y padre que le tiende la mano para conducirlo hacia la propia valoración personal, capacitación académica y laboral.

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