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La Casa Hoy |
Proyecciones
La Casa Hoy
El niño típico que ingresa en la Casa es un
varón de once años, cuya familia de origen es una pareja consensual o
incompleta por divorcio o separación. Se ha criado en ambientes nocivos
de pobreza considerable, vivienda inadecuada, promiscuidad de los
padres, abandono, alcoholismo, drogadicción y abuso sexual, así como
maltrato físico y emocional. Ha sido referido a nuestra institución por
el Dpto. de la Familia, que lo ha removido de su hogar (Ley 177) y tiene
su custodia legal.
En el plano académico, suele ser un niño
con año y medio de rezago académico, problemas de aprendizaje,
hiperactividad o déficit de atención, todo lo cual le lleva a frecuentes
fracasos que minan su estima y valoración propia. En el plano
psicológico, manifiesta frecuentes reacciones desproporcionadas,
inseguridad afectiva, frialdad, desconfianza, cerrazón o, por el
contrario, una afectividad incontrolada. Busca sensaciones inmediatas,
sin disciplina y con muy poca resistencia a la frustración, y suele
estar desmotivado y sin rumbo hacia el futuro.
Cuando llega a la Casa, el niño viene
cargado de su propio drama, con el ánimo rebosante de sentimientos y
tensiones. Todo su entorno y sus relaciones serán nuevas y requerirán
adaptación: la vivienda, los compañeros, los encargados, la escuela. Por
esto cualquier cambio positivo, por insignificante que parezca, tiene un
gran valor. En este punto de desconcierto es cuando el niño comienza un
nuevo proceso de socialización de la mano del educador amigoniano, que
se convierte en guía, amigo y padre, y le tiende la mano para conducirlo
hacia la propia valoración personal, la capacitación académica y laboral.
El día típico de un muchacho residente en la
Casa comienza muy temprano. Se levanta y asea a las 6:00 a.m., da los
buenos días al Señor, desayuna y sale con sus compañeros hacia la
escuela o colegio donde estudia. A media tarde regresa a la Casa y
merienda. Las actividades deportivas ocupan el resto de la tarde hasta
la hora de la ducha y aseo personal. A las 6 de la tarde cena y luego
dedica hora y media al estudio y la tutoría. A las 8 de la noche se
reúne con su grupo para la hora de familia, otra merienda, limpieza de
las dependencias, recreo, televisión y juegos. A las 9,30 p.m. da las
buenas noches al Señor y se acuesta.
La Casa hoy tiene una capacidad para 36
niños en edades comprendidas entre los 8 y 18 años, los residentes se
organizan en tres grupos o familias, según su edad: la familia de niños
(8 a 11 años), la familia de adolescentes (12 a 14 años) y la familia de
jóvenes (15 a 18 años). Además la Casa de Familia para cinco (5) jóvenes
en edades comprendidas entre los 18 a los 21 años. El grupo es el ámbito
del tratamiento terapéutico fuera de las actividades estrictamente
escolares. Los educadores a su cargo cuentan con capacidad de aceptación,
equilibrio y ponderación, dignidad y suavidad, capacidad de sacrificio,
constancia y optimismo, de modo que se convierten en modelos de
imitación para los muchachos. distribuidos en los siguientes grupos
educativos:
La hora de familia la cual consiste en animado
y franco diálogo sobre temas de formación social, catequética,
comunicación de notas y de coquíes, distribución de cargos y ocupaciones,
revisión de la marcha del grupo; ejerce una constante acción positiva
sobre el muchacho sin disolver su personalidad ni masificarlo. Para
mejorar las distintas facetas de la personalidad se trabaja en la
autoestima, la asertividad, la madurez y autonomía, y la integración
social.
La evaluación del comportamiento del
muchacho y cómo marcha su proceso educativo se lleva a cabo diariamente
a base de calificaciones numéricas. Estas se centran en la conducta, la
urbanidad, el trabajo, el deporte y la aplicación, y el aprovechamiento
académico. La “proclamación de las notas” en el grupo familiar da la
oportunidad al muchacho de asentir o asumir su propio estado, o
discrepar de la codificación que ha recibido presentando razones,
pretextos o reservas.
Las buenas evaluaciones se premian con la
moneda interna llamada coquí. Con los coquíes se puede comprar en el
Bazar desde útiles de aseo, escolares o deportivos, hasta instrumentos
de trabajo y juegos. Este sencillo procedimiento de cobro y gasto
condensa en sí todo un sistema de esfuerzos, intereses y superaciones
del muchacho. Con los coquíes, fruto de su propio esfuerzo, inicia la
dura y gratificante experiencia de “ganarás el pan con el sudor de tu
frente”. Igualmente se aprende a cuidar las cosas y a valorar el dinero.
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